Cualquiera diría que el sol y yo tenemos un romance, pero… me gustan tanto los amaneceres y los atardeceres que no lo puedo evitar. Digamos que tiene un efecto hipnótico en mí, provocando que buscar mi cámara para retratar el momento sea prácticamente un acto reflejo.
Fue bastante gracioso ver cómo unos cuantos turistas se pusieron a imitarme al verme fotografiar, en principio, una simple calle más de Madrid. ¿Captarían con sus cámaras lo mismo que yo? ¿Se centrarían en el cielo, el museo, los coches que pasaban…? ¡Quién sabe!






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